sábado, 29 de noviembre de 2008

Más de Memoria Histórica (II)


Cadáveres maniatados en Málaga
D. N. - Málaga - 29/11/2008.- El País.
Los avances en las investigaciones para la recuperación de la Memoria Histórica confirman cada vez más que el antiguo cementerio de San Rafael de Málaga fue escenario de atrocidades durante la Guerra Civil. Hace dos años se iniciaron las excavaciones de fosas comunes donde se enterraron a los ajusticiados por el régimen franquista tras la entrada en la ciudad de las tropas del general Queipo de Llano en febrero de 1937. Muchas de ellas fueron fusiladas en los mismos paredones del cementerio, entonces en las afueras de la ciudad. Los trabajos han permitido estimar que San Rafael alberga una de las mayores fosas comunes de la Guerra Civil. Se calcula que entre 1937 y 1955 fueron enterradas más de 4.500 personas en al menos una docena de fosas comunes.
Ahora, las nuevas excavaciones han permitido comprobar detalles como que los fusilados murieron atados por las manos y así fueron enterrados. Los esqueletos tienen las manos entrelazadas rodeadas por restos de alambres que fueron utilizados como atadura. En las fosas han aparecido, además, casquillos de bala que podrían ser de disparos de gracia realizados a los ajusticiados una vez que eran arrojados sus restos a las fosas.
Ante la dimensión de los hallazgos, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento, la Universidad de Málaga y la Asociación contra el Silencio y el Olvido y por la Recuperación de la Memoria Histórica renovaron en enero pasado el convenio del programa que contempla la exhumación, identificación y en los casos que sea posible entrega de los restos a los familiares. Las actuaciones costarán unos 260.000 euros y contemplan un monumento conmemorativo y consagrar el lugar, que el Ayuntamiento va a convertir en parque, en un “lugar de la memoria”.

Los 12 primeros de los pozos del olvido.- El País.
"Nuestras madres tenían razón, los restos estaban ahí abajo", decía ayer una emocionada Pino Sosa. Cuando tenía sólo cinco años, la presidenta de la Asociación por la Memoria Histórica de Arucas acompañaba en secreto a su madre hasta la boca de un pozo próximo a su casa. Una vez allí, igual que hacían otras mujeres del pueblo en honor a sus maridos, arrojaban margaritas silvestres y rezaban oraciones furtivas por el alma de su padre, el latonero José Sosa Déniz, quien una noche de finales de marzo de 1937 fue secuestrado, asesinado y arrojado a su interior, según le contaba su madre. Ayer, casi 71 años después, han comenzado a desvelarse detalles de los asesinatos cometidos por el régimen franquista en el norte de Gran Canaria con la publicación de una fotografía en la que se ven los restos de 12 cuerpos en el fondo de este pozo.
La excavación en el Llano de las Brujas, en Arucas (Gran Canaria, 36.000 habitantes), comenzó el 16 de junio gracias a una financiación de 300.000 euros del Gobierno canario. Los primeros restos humanos empezaron a emerger hace un mes, tras la retirada de tres metros de tierra y cal viva que fueron echadas sobre los cadáveres para ocultar los crímenes. Además de los cuerpos, tres de los cuales presentan heridas de bala en la mandíbula, sien y vértebras, en el fondo y en los alrededores han aparecido tres casquillos, una bala, medallas, hebillas, botones y suelas.
De los cadáveres encontrados, 10 conforman un primer nivel de la excavación, situado a unos 55 metros de profundidad, y otros dos están por debajo, lo que apunta a la presencia de más cuerpos en niveles inferiores. "Creemos que hasta 27 personas pudieron ser arrojadas a este pozo", aseguraba ayer el investigador Sergio Millares, miembro de la Comisión para la Determinación de Desaparecidos en Canarias. "Esto confirma que la información oral de Arucas no estaba equivocada".
Según esta misma tradición oral, algunos de los represaliados fueron arrojados a este pozo aún con vida, pues vecinos aseguraron haber escuchado lamentos que procedían del interior del mismo en los días posteriores a las desapariciones. A partir de ahora, además de proseguir con la excavación, dará comienzo la extracción de ADN de los dos primeros cadáveres sacados ayer mismo del pozo y su cotejo con las muestras ya recogidas a decenas de familiares que buscan a sus padres o abuelos. Sólo de Arucas se tiene constancia de 66 desaparecidos, además de otros 13 de Gáldar y 28 de Agaete, es decir, más de un centenar sólo en el norte de la isla de Gran Canaria.
La gran mayoría de ellos fueron asesinados entre el 18 de marzo y el 4 de abril de 1937, en una de las más crueles oleadas de represión franquista que se vivió en Gran Canaria. Según Sergio Millares, "no se trataba de personas con una especial significación política, más bien sindicalistas y gente que había participado en alguna huelga o manifestación. Los sacaron del campo de concentración para luego secuestrarlos de sus casas y matarlos aquí". Arucas cuenta con otros tres pozos del olvido donde se sospecha que pudiera haber más cadáveres, así como una sima volcánica en el municipio de Telde, de la que ya se extrajo un cráneo con un agujero de bala en los años sesenta.

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