lunes, 17 de noviembre de 2008

¿La entrevistadora que oía voces? o ¿Que solo oía su voz?.


Leopoldo CALVO-SOTELO IBÁÑEZ-MARTÍN
«¿Leopoldo Calvo-Sotelo...?» Le pregunta Pilar Urbano a Su Majestad la Reina, mientras ambas pasan revista a los presidentes del Gobierno de la democracia, en el curso de una entrevista. La Reina empieza a contestar, pero cuando va por la quinta palabra, la entrevistadora decide que ella, Pilar Urbano, puede responder mucho mejor a su propia pregunta. A partir de ese momento ya no escuchamos la voz de la Reina, sino las voces que, al parecer, oye Pilar Urbano en su interior, y que tantas cosas tergiversan a lo largo de su reciente libro («La Reina muy de cerca», página 99).
En lo que hace a Leopoldo Calvo-Sotelo, esas voces no se caracterizan por la claridad, pero algo se puede reconstruir de lo que dicen en ese y en otros lugares del libro. Tras insinuar que mi padre tuvo en los primeros años de la década de 1970 una relación con la CIA, Pilar Urbano cuenta que Calvo-Sotelo nos metió en la OTAN «por carta clandestina» y «entregando a las potencias nuestra independencia». Ya antes ha hecho la entrevistadora el siguiente resumen conspiratorio de los antecedentes de nuestra entrada en la OTAN: «Carrero se opuso, y voló. Arias plantó cara en Helsinki, y cesó. Suárez no quería, y cayó». En cambio, «Leopoldo Calvo-Sotelo dio su «bando» anunciándolo a toda prisa y no siendo aún presidente, el 18-F de 1981». Y una vez «repuesto del «tejerazo», ratificó lo de la OTAN sin perder un minuto».
Es sabido que con los aficionados a las teorías de la conspiración resulta muy difícil argumentar. Quien ha llegado a una convicción por un camino no racional no saldrá de ella por un camino racional, solía observar mi padre, con melancolía. Pero corrijamos al menos las imprecisiones conceptuales e históricas más flagrantes. Dice Pilar Urbano que Calvo-Sotelo anunció nuestra entrada en la OTAN «a toda prisa y no siendo aún presidente» y luego «ratificó lo de la OTAN sin perder un minuto». Esta construcción con fustes torcidos ignora que nuestra Constitución, como la de todo régimen parlamentario, obliga al candidato a presidente del Gobierno a exponer su programa al Congreso de los Diputados, y que esa exposición, a la que llamamos discurso de investidura, es la base del otorgamiento de la confianza parlamentaria. Algo tan importante como la entrada en la OTAN tenía que estar en el discurso de investidura de mi padre. ¿Qué prisa sospechosa hay ahí, sino para quien ve brujas y contubernios en todas las esquinas? Por lo demás, como es notorio, el proceso de ratificación, lejos de hacerse clandestina y precipitadamente, duró año y medio y se llevó a cabo con amplísimo debate en las Cortes y en los medios de comunicación.
Volvamos al libro de Pilar Urbano. Según ella, Leopoldo Calvo-Sotelo nos metió en la OTAN «pero... sin evitar el golpe y sin enterarse que había «otro» golpe. «¡Al suelo, todos al suelo!» y yo el primero...aunque se tronche la senda constitucional». Por utilizar de nuevo una expresión paterna, esto no sólo no es la verdad, sino que es lo contrario de la verdad. Quien llevó a los golpistas a la suprema justicia civil fue Leopoldo Calvo-Sotelo, y él fue quien restableció en su integridad las instituciones democráticas y reemprendió una senda constitucional que nunca más volvió a verse perturbada.
Por último, Pilar Urbano evoca el verano de 1981, cuando los Reyes honraron a mis padres visitándolos en Ribadeo. «Y poco después -al buen callar le ponen sueldo- el inevitable fue regiamente retribuido con un «ineffabilis» marquesado de Ribadeo. Pero de aristocracia no se come. Y fue Jesús de Polanco ¡cosas más raras veredes! quien al buen callar le puso despacho, secretaria y sueldo. Hasta que un día tanto silencio de Estado le estalló en el corazón (...). Y durante una mañana todo se concentró en Leopoldo (...). Al buen callar le regalaron honras fúnebres por todo lo alto». Otra vez las absurdas telarañas de la conspiración tratando de falsear verdades elementales; esta vez es la conspiración del silencio. ¿Buen callar? De todos los presidentes de la democracia, mi padre es con mucho el que más ha escrito. El próximo número de la revista «Cuenta y Razón», dedicado a su figura, contiene en varias páginas la bibliografía de Leopoldo Calvo-Sotelo, con sus dos libros de memorias, capítulos de libros, prólogos, artículos, conferencias y discursos. Todo está ahí; cuestión distinta es que la claridad cartesiana de sus relatos decepcione a quien no encuentra en ellos abono para su irracional cultivo de infantiles patrañas.
No es verdad que Polanco le pusiera a mi padre «despacho, secretaria y sueldo». No se trata de una afirmación afrentosa, como parece creer Pilar Urbano; simplemente, es una afirmación falsa. Por último, lejos de morir con el corazón abrumado por «tanto silencio de Estado» -ni el momento de la muerte respeta Pilar Urbano-, mi padre murió en completa paz interior, situación que, ciertamente, es muy difícil de imaginar cuando, como es el caso de Pilar Urbano, se oyen extrañas voces y se escriben cosas igualmente extrañas.
Podría seguir resaltando inexactitudes en las páginas que he venido comentando, pero, créame el lector, tengo una auténtica urgencia espiritual por cerrar el libro de Pilar Urbano. Sólo una cosa cabe añadir. Terminada su larga y mezquina parrafada sobre mi padre, la entrevistadora se digna devolver la palabra a la Reina de España, quien dice: «Era muy afable, tenía una conversación muy culta». Barramos, pues, las telarañas, y quedémonos con esta frase. Lo demás no merece la pena.

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