domingo, 22 de marzo de 2009

Suspenso en comunicación.


FELIPE SAHAGUN.- El Mundo.
Por enésima vez, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero recibe un duro varapalo dentro y fuera de España, de amigos y de adversarios, por la forma en que decide y comunica su política exterior y de seguridad.
Si tenemos en cuenta todos los factores relacionados con la retirada de Kosovo, el Gobierno se merece notable o sobresaliente en política y suspenso en diplomacia y comunicación. El problema es que, en 2009, la comunicación y la diplomacia -la diplomacia pública- es tan importante o más que la política y el Ejecutivo debería haberlo sabido.
Por precipitada e insolidaria con los aliados, consideré un error la retirada inmediata de España de Kosovo hace 13 meses, como pidió entonces el Partido Popular y defendió EL MUNDO en algunos de sus editoriales, cuando, en contra de Serbia -el Estado al que Kosovo pertenecía-, de España, del Consejo de Seguridad de la ONU, de las principales potencias no occidentales (China, Rusia y la India) y de otros cuatro países de la UE (Rumanía, Eslovaquia, Grecia y Chipre), la región declaró la independencia sin reunir las condiciones imprescindibles para ejercerla.
Desafiando todas las críticas, en mi opinión equivocadas, España puso los intereses de la Alianza Atlántica por delante de los nacionales y mantuvo hasta hoy la misión de unos 600 efectivos en Kosovo, la tercera más importante en número y costo de las que mantiene en el exterior.
Una vez que, en noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU ha avalado el cambio de la misión internacional en Kosovo y la sustitución de la fuerza actual por la misión de la UE (Eulex), se dan las condiciones políticas, económicas y militares para la retirada sin causar ningún daño grave a los aliados.
Es una decisión previsible, lógica y coherente con la posición diplomática española. Después de 13 meses, calificarla de precipitada es absurdo. El error, por lo tanto, cometido por el Gobierno español vuelve a estar en la forma de anunciarla y comunicarla a los aliados y a la opinión pública.
Políticamente, como bien dijeron la oposición y este periódico desde el primer día, no tiene sentido mantener tropas en un país al que ni siquiera reconocemos.
Económicamente, cada soldado en el exterior cuesta, sólo en gastos de sostenimiento, unos 10.000 euros al mes, a los que hay que añadir el salario, que en el exterior se multiplica por cuatro.Retirándose de Kosovo, España se ahorra, por lo tanto, un mínimo de seis a siete millones de euros mensuales, que no está mal en la época actual de vacas flacas.
Si a ello añadimos la posible necesidad de reforzar la presencia en Afganistán, como nos piden la Administración Obama y la propia OTAN, parece sensato recortar gastos en los Balcanes, donde España y los demás miembros de la Alianza cada día deben ser más prescindibles si funciona adecuadamente la misión de la UE, y concentrar nuestros esfuerzos en la estabilización de Afganistán, origen de los atentados del 11-S e, indirectamente, del 11-M.
Militarmente, desde el 9 de diciembre ha comenzado el despliegue en Kosovo de Eulex: unos 1.900 militares, policías, abogados, fiscales y aduaneros procedentes de casi todos los países de la UE (a los que hay que sumar contingentes de Suiza, Noruega, Turquía y EEUU, y unos 1.200 kosovares).
Esta fuerza, dependiente directamente del Alto Representante, Javier Solana, está haciéndose cargo ya de forma gradual de la gestión internacional del territorio y las fuerzas de la OTAN allí desplegadas se irán transformando o retirando, en los próximos meses, siguiendo el ejemplo de España. Por cierto, EEUU empezó a hacerlo hace ya tiempo.

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