lunes, 26 de enero de 2009

¿Qué pasa en Cataluña?


Escribre JOSÉ MARÍA CARRASCAL en ABC:
EL túnel del Metro que se hunde en el Metro en el Carmel, un polideportivo que les desploma Sant Boi. Cualquier día se les cae la Sagrada Familia -Dios no lo quiera- debido al cercano enlace del AVE con Francia. Se me dirá que exagero, que lo de Sant Boi fue a causa del vendaval. Que se lo cuenten a los padres de los niños muertos. Un polideportivo no es una carpa ni una valla publicitaria, y debe resistir vientos más fuertes que los normales. ¿Por qué no los resistió éste? Pues por no haber sido construido como se debía, como tantas otras cosas hoy en Cataluña, donde «fer naciò», con aspiraciones de estado, prevalece sobre todo lo demás. Hay dinero para embajadas en el exterior, para selecciones nacionales, para equipos extranjeros que aceptan competir con ellas, para subvencionar escuelas y cátedras que enseñan fuera el catalán, para promover una línea aérea de bandera catalana, y para mil cosas por el estilo. Pero no lo hay para hacer como se debe un túnel de Metro ni para construir un polideportivo que resista un ventarrón. Es así como se están haciendo las cosas en Cataluña últimamente. Y como la que era la comunidad más moderna, más emprendedora de España está perdiendo posiciones respecto a las demás. Madrid incluido, cuya única industria hasta hace unas décadas era la política y hoy revienta de industrias por los cuatro costados. Pero, bueno, si esto es lo que quieren los catalanes, y a todas luces es lo que quieren, pues lo votan una y otra vez, allá ellos. Es su problema. Aunque, desgraciadamente, también el nuestro. Pues pese a todos los pesares, Cataluña es parte integral de España, como demuestran los problemas que está teniendo y aquí comentamos.
Lo que ocurre en Cataluña tiene su origen precisamente en uno de los defectos más comunes entre los españoles. Se habla mucho de nuestra envidia, del cainismo, de la soberbia y de la intolerancia que han frenado nuestro progreso, al dedicar la mayor parte de nuestras energías a pelear entre nosotros, en vez de aunar esfuerzos, única forma de que las naciones sigan adelante. Pero tan fuerte o más que todo eso -y puede más destructivo- es nuestra incapacidad de establecer prioridades, algo fundamental en este mundo. Nos deslumbran las apariencias, lo circunstancial, lo superfluo. Los españoles solemos tomar lo secundario por lo primario, y viceversa. Pasando por alto lo esencial, lo auténtico, lo verdaderamente importante. La mayoría de nuestras desgracias, personales y colectivas, han venido de no saber valorar individuos ni situaciones. A qué se debe esa carencia no lo sé, y sería del máximo interés que historiadores, sociólogos e incluso psiquiatras lo estudiasen, para encontrarle remedio. Pues del mismo modo que en cualquier provincia española es más importante tener un equipo en Primera División que buenas escuelas, en Cataluña es más importante tener embajadas en el extranjero que polideportivos que no se desplomen ante un vendaval. Demostrando con ello ser tan españoles y tan provincianos como el resto de nosotros.

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