sábado, 18 de octubre de 2008

Esquizofrenia


De ascendencia Española, Xavier Amador vive en Estados Unidos desde los tres años, cuando se trasladó allí con sus padres procedente de Cuba. Su carrera profesional se ha centrado en el estudio de trastornos como la depresión bipolar o la esquizofrenia. La experiencia con la enfermedad de su hermano fue decisiva.
-¿Por qué las personas con esquizofrenia rechazan la medicación?
-Porque no entienden que tienen una enfermedad, ni que se comportan de manera diferente a los demás. Tampoco ven los síntomas que la familia, los médicos y las personas de la calle ven. La falta de conciencia puede durar décadas. En España hay más de 200.000 personas con esquizofrenia que siguiendo su propio sentido común rechazan el tratamiento. Algo lógico si uno cree que no está enfermo. No se debe a que sean irresponsables o inmaduros, ni al miedo estigma. Es un síntoma más de su trastorno cerebral, como los delirios o las alucinaciones.
-Usted ha vivido esta experiencia con su hermano, como cuenta en su libro «No estoy enfermo, no necesito ayuda».
-Sí. Mi hermano Enrique tuvo esquizofrenia. Oía voces, tenía delirios. Cuando estuvo ingresado y le pusieron medicación mejoró. Estaba normal. Pero al volver a casa lo primero que hizo fue tirar las pastillas. Decía que no estaba enfermo y no necesitaba ayuda. Ésta es una experiencia común a muchas familias. Cuando Enrique me decía esto yo quería convencerle de que sí. Lo hacía con muy buena intención, pero fruto de mi ignorancia de entonces. Era como si le pidiera que dejara de tener delirios.
-Es importante que reciban tratamiento cuanto antes.... ¿Cómo se puede lograr?
-Si pasan uno o dos años, aunque les mediquen el tratamiento funciona peor. Actualmente utilizamos el modelo médico tradicional: se prescribe la medicación y se les instruye para que la tomen. Y esto no funciona cuando la persona no reconoce su enfermedad. Necesitamos otras herramientas como la psicoterapia. Es eficaz y a la larga rentable, pero no se utiliza lo suficiente. Es mucho más barato dar servicios ambulatorios que hacer intervenciones en crisis agudas. Los tratamientos de continuidad evitan recaídas y disminuyen la tasa de suicidios.
-Sin embargo, se piensa más en el abordaje psiquiátrico que en el psicológico...
-Muchos estudios muestran que las entrevistas motivacionales y la terapia cognitiva son tratamientos muy eficaces en la esquizofrenia. No hay que olvidar que el 20 por ciento de los pacientes no responden a ninguna medicación.
-¿Es eficaz la terapia en ese veinte por ciento que no responde a la medicación?
-Sí. Hace que la persona se comprometa y que vuelva a las sesiones. Se ha probado que la terapia cognitiva reduce la gravedad de las alucinaciones y delirios. Estos son desarrollos nuevos de los últimos 15 años.
-¿En qué consiste la entrevista motivacional que usted utiliza?
-Es como el judo verbal. Si alguien me dice que no está enfermo, yo no causo un bloqueo al decir que sí. Me centro en obtener su confianza y averiguar qué quiere. Aunque no tengan conciencia de la enfermedad saben que cuando gritan a las voces que oyen, los vecinos llaman a la Policía. Les explico que he conocido otras personas que oyen voces y que la medicación puede ayudarles. Es un enfoque indirecto y se utiliza lo que entienden y lo que pueden ver para dirigirles a los tratamientos que funcionan. Es el método EEAC, que se basa en cuatro principios: escuchar (E) de una forma reflexiva, sentir empatía (E) hacia los sentimientos que se han ignorado cuando se discutía sobre si estaba enfermo o necesitaba tratamiento; estar de acuerdo (A) en aquellas cosas en que se pueda y, por último, sentirse su compañero (C) para alcanzar las metas que se comparten.
-¿Qué papel juega la familia?
-El estilo de comunicación que se utiliza es fundamental. Yo enseño a miles de familiares que vienen a verme la forma adecuada de hacerlo. A quienes padecen esquizofrenia hay que tratarles como amigos, aprender a escucharles, y no intentar convencerles de que están enfermos. Cuando hice esto con mi hermano me convertí en su amigo. Pilar Quijada.- ABC

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