viernes, 7 de octubre de 2011

«El español es un gran vehículo para razonar»


Para M. de Tamarón, que fuera Director del Instituto Cervantes entre 1996 y 1999, y embajador de España en Gran Bretaña, entre otros destinos diplomáticos, creer que fue Franco quien inventó el español «es un paradigma falso y el más estúpido», y se puede contestar recordando que «lo único que el presidente de la II República Manuel Azaña hizo bien, fue escribir en él, como cientos de millones de hispanohablantes más durante los últimos mil años».

—¿A quién achaca esos «paradigmas necios»?.
—A quienes no leen la Constitución española ni la Biblia.
La Constitución de 1978 dice en su Artículo 3 que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los ciudadanos tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla.
Por su parte, la de la II República, que tampoco es de Franco, en su Artículo 4 dice lo siguiente: «El castellano es el idioma oficial de la República. Todo español tiene la obligación de saberlo y el derecho de usarlo». Aquella Carta Magna incluso refuerza tal precepto añadiendo que «a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional» (sic).
En cuanto a la Biblia, si la leyeran más, repararían en el libro del Eclesiastés cuando afirma: «El número de tontos es infinito» (I,15); frase que reconforta y alecciona, pues debería evitar paradigmas tan espectacularmente idiotas como el que estamos comentando.

—La imagen y la realidad de la lengua española ¿son las mismas?.
No. Y quizá divergen por culpa de nosotros mismos. Hemos aceptado unos estereotipos que siempre subrayan el pathos sobre el logos, la pasión y no la razón. Siempre escogemos a Miguel de Unamuno antes que a Ortega y Gasset, la novela picaresca y no los sonetos de Garcilaso de la Vega o Quevedo, y la arquitectura de Gaudí antes que la de Herrera. Al final, nuestros iconos terminan siendo Carmen, la cigarrera, y Don Quijote de la Mancha. ¿Quién cogería un tren fabricado por Carmen y conducido por Don Quijote?.
Todo esto es extensivo a la lengua, cuando el español es un idioma excepcionalmente lógico, con una correspondencia entre la fonética y la grafía única entre las lenguas indoeuropeas. Es, además, una lengua muy extendida pero muy unitaria: tiene menos diferencias geográficas que el inglés, el francés o el portugués.
En resumen, el español no lo inventó Franco, ni es un quejido patético, sino un magnífico vehículo para razonar y para crear belleza armónica en la literatura.

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