viernes, 22 de marzo de 2013

La Europa "Las naciones" o de "los Pueblos" de la Generalitat de Catalunya" b


Estas fronteras delimitan las “naciones existentes” y no los Estados arbitrarios que, por maldad o ignorancia, recogen los mapas políticos del Estado Español.
España no es una Nación para este mapa pero sí para millones de españoles y el resto de la población y los “Estados” existentes.

En este mapa se reflejan  nítidamente las fronteras que delimitan las realidades de su  investigación arqueológica y de su nostalgia.
Ésta “Europa de los “pueblos” o de las “naciones”, así, recoge las supuestas realidades nacionales que constituyen el Viejo Continente Euroasiáticoafricano.
En ella, la llamada España no es una Nación, simplemente es uno de los Estados “fruto de centralismos mastodónticos y opresores” que someten por la fuerza a un numeroso y variopinto conjunto de minorías nacionales cuya liberación  constituye la misión sagrada que los nacionalistas deben realizar.
Para tal fin, estos nacionalismos, hacen una utilización racional de lo irracional al servicio de su necesaria e imprescindible conquista del poder político.

La Europa de los Pueblos o de las Naciones es un o de los muchos instrumentos de propaganda que algunos nacionalistas hegemónicos (aunque fragmentados, enfrentados y heterogéneos) especialmente fuertes en sus respectivos territorios que, mediante la generalización  de sus objetivos, legitimarlos y presentarlos como una pieza más de un amplio engranaje imparable.
Un análisis histórico, político y cultural profundo invalida la entelequia en cuestión

Su nacionalismo consiste en convertir lo irracional en un producto racional que les permita su conquista del poder político.
Para ello necesitan instrumentalizar:
*.- La necesidad de autoidentificación.
*.- El deseo de reconocimiento
*.- y la hostilidad atávica al extraño.

El nacionalismo identitario así, en cuanto doctrina política, necesita dedicar todos sus esfuerzos a ocultar aquello que es en realidad es, en cuanto nacionalismo.
Así, bajo el pretexto del amor a las propias raíces y la recuperación de sus auténticas esencias, el nacionalismo  esconde su  máquina implacable de asalto al Estado y al presupuesto por parte de los grupos mesocráticos impacientes por pasearse en coche oficial, disponer de despachos lujosamente enmoquetados y colocar a amigos y parientes.
Para conseguir tan nobles propósitos, el señuelo nacionalista, en vez de utilizar  las bajas pasiones de los electores con ardientes llamadas a la igualdad y la solidaridad busca por todos los medios que las circunstancias culturales, políticas y económicas sean más favorables a la ferocidad que a la envidia.
Este nacionalismo es, ante todo, forma de acción política encaminada  a apoderarse del Estado mediante la movilización de las masas llamándolas a la construcción  o a la liberación  de una nación previamente fabricada a partir  de elementos protonacionales de índole histórica, lingüística, étnica o icónica.

Así, este nacionalismo particularista y separador, tiene que oponerse y combatir al “ESTADO-NACIÓN” como España-Nación de la Europa occidental contemporánea.
Ocultando inicialmente sus fines y habiendo alcanzado ya posicione de hegemonía electoral  o presencia significativa  en sus reclamadas “naciones” (caso catalán,  escocés o vasco) tienen que defender su slogan: “lo mío es mío”, aunque éste enfrente a los distintos grupos “nacionalistas” del territorio en lucha fraticida en cuanto competidores del mismo fin.

Los nacionalismo vasco y catalán se han desarrollado en este siglo en dos regiones industriales con rentas per cápita netamente superiores al promedio español, y sus mensajes se centran en la injusticia de verse obligados  a compartir su prosperidad, fruto de su mayor laboriosidad e inteligencia, con el resto del Estado, del cual aspiran en consecuencia a segregarse.
El nacionalismo escocés, por su parte, aunque opera en un país de riqueza inferior a la de Inglaterra, ha hallado en el petróleo del Mar del Norte la excusa  perfecta para exigir su desvinculación con el Reino Unido y el disfrute en exclusiva de semejante regalo de la naturaleza.

En otros aspectos, sin embargo, estos tres ejemplos citados difieren netamente.
*.- El nacionalismo Catalán es de base fundamentalmente lingüística.
*.- El Vasco toma como referencia la etnia.
*.- El escocés, al que le sería difícil recurrir a una identidad  en su lengua o raza, se ha volcado en la idea pragmática de que los escoceses manejarían mejor sus propios asuntos y recursos, ya que las políticas de Westminster para Escocia no han sido capaces de elevar su nivel de vida en la medida requerida.

Apurando sobre esto, los escoceses podrían, sin forzar la Historia, esgrimir el recuerdo de un estado propio, mientras que los vascos ni siquiera se atreven a ello y los catalanes  han de remontarse a la Edad Media y recurrir a una hipotética Monarquía catalana que jamás existió como pieza aislada  sino formando parte de un reino mucho más amplio que experimentó varias divisiones y recomposiciones en agitados avatares dinásticos.
Resulta imposible, así, establecer un modelo general de estos micronacionalismos separatistas europeos en nuestros días.

Su único rasgo común es su voluntad de apropiarse de una parte del Estado al que pertenecen mediante la construcción:
*.- de un aparato estatal propio equipado con total soberanía,
*.- de consolidar y mantener una mayoría electoral suficiente en el territorio de su “nación”, que facilite el ejercicio del derecho a la autodeterminación y el reconocimiento de la comunidad internacional.

Conviene recordar que la “Europa de los Pueblos”  pretende extender artificiosamente a todo un continente su concepción nacionalista defendida por movimientos nacionalistas hegemónicos en regiones especialmente desarrolladas y utilizando como herramienta sus persuasión política.
El entusiasmo europeística de estos nacionalismos, que se manifiestan partidarios de una Europa fuertemente federalizada en detrimento de los actuales Estados, es una simple coartada para su deseo de debilitar los poderes centralizados que todavía los coartan.
Desde su óptica, ya que un Gobierno Federal Europeo sería algo tan lejano e impreciso, que no podría oponer una identidad nacional alternativa a la que constituye su principal arma de acción electoral.

El nacionalismo ofrece siempre  una faz seductora que nos invita a bucear en un falseado pasado y a soñar en un idílico futuro pero:
*.- sin compartir lo que ahora es nuestro presente.
*.- excluyendo a todos aquellos que los contradicen en una amenaza potencial a su libertad.
*.- negando su ahora existente nacionalidad a quienes no piensan como ellos.
Estos nacionalismos identitarios, heterogéneos, indeterminados y excluyentes, solamente se considerarán realizados cuando eliminen la diferencia entre Estado y sociedad fundidos en un engendro totalizador, opresivo y excluyente.
Su meta es borrar la línea que separa lo privado y lo público que constituye la marca distintiva de la civilización.

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