jueves, 21 de marzo de 2013

Cada uno hace lo que puede.



El día después de la imputación de Oriol Pujol, la vida sigue su curso en Convergència. De cara a la galería, el partido defiende que Pujol mantenga su escaño para volver a primera línea política en cuanto se demuestre su inocencia. La idea es trasladar una imagen de normalidad, pese a que CDC funciona con una nueva estructura temporal después de que el secretario general se apartara de sus cargos para «no estorbar en el proceso soberanista». Mostrar que la voluntad de Convergència es seguir con sus planes de celebrar la consulta soberanista y agotar la legislatura –unas elecciones anticipadas serían un suicidio para CDC, que en la última cita perdió doce escaños y sigue en caída libre–. Pero tras las cámaras, nadie esconde que la imputación de Pujol supone un mazazo al proceso soberanista.

Los tres hombres que acompañaron a Pujol tras recibir la interlocutoria del TSJC que le cita para declarar como imputado en la trama corrupta que pretendía amañar concursos de estaciones de ITV, hablaron ayer. Son los tres hombres que le sustituirán temporalmente en las funciones que ha delegado mientras esté imputado. El presidente del grupo de CiU en el Parlament, Jordi Turull, y Lluís Corominas y Josep Rull, que asumen la secretaria general compartida, se esforzaron por transmitir que esta imputación no altera los proyectos del partido.

Los tres defendieron que mantenga el acta de diputado como garantía para regresar al primer plano de la política y descartaron la celebración de un congreso extraordinario para elegir a un nuevo secretario general. Pero, pese a sus esfuerzos por trasladar una imagen de continuidad, fuera de micros, la imputación se lee como un «golpe muy fuerte» al proceso soberanista. La fundación Catdem, afín a CDC, denunció en un editorial en su web que la imputación es «grave», el «golpe de gracia» de una campaña de acoso y derribo contra CiU que empezó desde que Mas dio un paso hacia la independencia. La fundación ahonda en las divergencias entre Unió y Convergència. Y culpa a los de Josep Antoni Duran Lleida de «no estar a la altura de las circunstancias». La vicepresidenta, Joana Ortega, obvió el dardo envenenado y cerró filas en torno a Pujol. Igual que el presidente de ERC, Oriol Junqueras, que defendió que siga como diputado, aunque compañeros como Joan Tardà discrepan.

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