jueves, 21 de marzo de 2013

el caso de los ERE falsos no era una anécdota ni un comportamiento aislado.

El número de detenidos y entradas y registros en el día de ayer hace inverosímil que los más altos responsables de la Junta de Andalucía no estuvieran al tanto de lo que sucedía

LA reincorporación de la juez Mercedes Alaya al caso de los ERE fraudulentos se tradujo ayer en una redada a nivel nacional que se ha saldado, por el momento, con cerca de treinta detenidos y numerosas entradas y registros de empresas y despachos. La operación ha sido ejecutada por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. El impulso que supone esta serie de detenciones y registros puede ser definitivo para culminar una instrucción que, a medida que avanza, aumenta el volumen de la trama corrupta que malversó fondos públicos teóricamente destinados a cubrir desempleo y jubilaciones. Provisionalmente, la cifra rondaría los mil millones de euros. La gravedad de las diligencias acordadas por la juez Alaya sólo puede justificarse por la solidez de los nuevos indicios contra empresas e imputados. Y da una medida aproximada de la dimensión que pudo haber alcanzado esta trama de defraudadores y conseguidores que se aprovecharon del paro y del Estado del bienestar para lucrarse. ABC ha sido punta de lanza en la denuncia pública del escándalo y ha informado puntualmente de todos los avances que se producían en la investigación.

La juez Alaya y el equipo de investigadores de la Guardia Civil deberán analizar y valorar los datos conseguidos en esta redada masiva, de la que, sin duda, resultarán nuevas imputaciones. Tras una baja médica de seis meses, la juez Alaya se ha dispuesto a aprovechar el tiempo y evitar que los hechos se diluyan poco a poco, como sucedió con el caso Pallerols y sus sentencias de conformidad, catorce años después de que se cometieran los delitos.
Al mismo tiempo que el número de detenidos y entradas y registros en el día de ayer demuestra que el caso de los ERE falsos no era una anécdota ni un comportamiento aislado, también hace inverosímil que los más altos responsables de la Junta de Andalucía no estuvieran al tanto de lo que sucedía. Ni la trascendencia de las decisiones tomadas, relacionadas con algo tan sensible como los expedientes de regulación de empleo, ni el importe de los fondos destinados a financiar las presuntas irregularidades investigadas por la juez Ayala permiten conceder a Manuel Chaves y José Antonio Griñán el beneficio de la duda. La presunción de inocencia, sí; pero no el beneficio político de la duda. Hasta ahora, ambos dirigentes socialistas han eludido responsabilidades culpando a otros de los presuntos delitos cometidos. Pero resulta que los niveles de decisión, las autorizaciones de gasto, la tramitación de los expedientes irregulares siempre se situaban en los aledaños de sus competencias, bien como presidente de la Junta de Andalucía, bien como consejero de Economía.

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