lunes, 16 de noviembre de 2009

«Queremos dar educación sexual en los colegios a partir de 11 años»

Trinidad Jiménez; Ministra de Sanidad, anuncia que la educación sexual empezará a los 11 años:
-La Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva nos obliga a ofrecer a los jóvenes una educación sexual seria y eficaz para prevenir enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Es una responsabilidad pública y social. Queremos proteger la salud de nuestros ciudadanos a unas edades en las que están formando su comportamiento.
-Queremos empezar entre los 11-12 años y finalizar a los 16 años, cuando termina la edad escolar. Eso es lo que nos aconsejan los expertos.
-¿Sería una asignatura obligatoria en los colegios, ya sean públicos, privados o concertados?
-No querría entrar en detalles que pudieran generar polémica. Quiero ver cómo queda la estrategia, que aún no está terminada y estudiar con las comunidades cómo se va a impartir. No quiero adelantar nada porque lo último que quisiera es introducir polémica antes de que la estrategia se complete.

«La actitud intransigente de la Iglesia provoca el rechazo de los católicos»
La Conferencia Episcopal lanzó su advertencia a través de su secretario general, Juan Antonio Martínez Camino: los católicos que apoyen la ley del aborto cometerán un pecado mortal y no podrán comulgar. El mensaje iba dirigido a los parlamentarios que deberán votar la reforma legislativa. La ministra de Sanidad no cree que esta llamada de atención cambie la opinión de los diputados. Está convencida de que el mensaje de los obispos ha provocado «la reacción contraria» entre los políticos católicos. «Creo que la Iglesia aquí se equivoca. Muchos católicos no comparten la opinión del señor Martínez Camino. La actitud y el lenguaje empleado provocan rechazo. Tiene derecho a dirigirse a sus fieles pero creo que esa actitud conminatoria e intransigente sólo conduce al rechazo». Para Jiménez «la religión, la conciencia, las creencias y los valores son cuestiones que pertenecen al ámbito privado del individuo». En su opinión, «la Iglesia no puede o no debe pretender el monopolio de la conciencia sobre lo que está bien o lo que está mal».