La imágen es independiente del texto |
“Irritado por el desdén de Mariano Rajoy que hace poco más de un año marginó las necesidades económicas de Cataluña, Arturo Mas puso en marcha un plan secesionista, como estrategia de chantaje.
Pero la maniobra se le fue de las manos como el monstruo de Frankestein.
La ebullición de la Diada en septiembre pasado contribuyó a encabritar al líder convergente.
Albriciado por el griterío popular, convocó unas elecciones autonómicas en las que pensaba alzarse con una mayoría excepcional, en la frontera de los 80 escaños. Se equivocó.
En
lugar de dimitir y retirarse a su casa con el rabo entre el arco del fracaso
electoral, forzó la alianza contra natura de su coalición de derechas y los
ultras de la izquierda. Desde entonces se tambalea enloquecido por la agonía
económica y la palabra pánica. En las madrigueras de Moncloa se cree que todo
es una finta y que la cosa no pasará a mayores. Se equivocan los optimistas y
los voluntaristas. Esta vez el desafío va en serio.
Por
eso resulta imprescindible el acuerdo Rajoy-Mas. La sociedad catalana, entre el
secesionismo de la extrema izquierda y el pacto con el Gobierno central, se
inclinará por este último.
La política es el arte de lo posible y exige tragarse un sapo cada día. No resultará agradable para Rajoy entenderse con el fracasado Arturo Mas. Pero es imprescindible negociar hasta la extenuación para llegar a una fórmula en la que el presidente catalán salve la cara, avance en la fiscalidad, enjugue al menos en parte la deuda que le abruma y se prorrogue el equilibrio actual. Los Estados Unidos de Europa llaman a la puerta y en cuestión de pocos años dispondremos de una Constitución que supere la actual Unión Europea. Hay que saber esperar.
La política es el arte de lo posible y exige tragarse un sapo cada día. No resultará agradable para Rajoy entenderse con el fracasado Arturo Mas. Pero es imprescindible negociar hasta la extenuación para llegar a una fórmula en la que el presidente catalán salve la cara, avance en la fiscalidad, enjugue al menos en parte la deuda que le abruma y se prorrogue el equilibrio actual. Los Estados Unidos de Europa llaman a la puerta y en cuestión de pocos años dispondremos de una Constitución que supere la actual Unión Europea. Hay que saber esperar.
Si
Mariano Rajoy persiste en su política de no hacer nada se encontrará en poco
tiempo con hechos consumados porque, a diferencia de los viejos amagos de
Pujol, Arturo Mas no va de farol. Y entonces al presidente del Gobierno no le
quedará otro remedio que o bien ceder cargando con el ludibrio histórico que le
abrumaría a él y al Rey Juan Carlos o bien suspender la Autonomía de Cataluña
conforme al artículo 155 de la Constitución. Eso lo hizo el Gobierno británico
por dos veces en Irlanda del Norte sin excesivos problemas. Mucho me temo que
en Cataluña no ocurriría lo mismo.
La
ponzoña de la situación actual se originó en un despropósito zapatético. Según
la macroencuesta del año 2003, ni el 5% de los catalanes estaba interesado en
la reforma del Estatuto. José Luis Rodríguez Zapatero, líder de la oposición,
prometió que respaldaría esa reforma si se alzaba con mayoría suficiente en el
Parlamento catalán. Ganó el candidato socialista las elecciones generales y los
dirigentes catalanes tomaron al presidente dadivoso no la mano sino el brazo
entero y los dos pulmones. Y aunque los barones socialistas re-chazaron en el
Congreso algunas aristas del Estatuto y también lo hizo con retraso el
Tri-bunal Constitucional, aquellos polvos desquiciados han generado los lodos
que ahora nos asfixian. Porque lo peor de la herencia de Zapatero no es la
gravísima crisis económica; lo peor de esa herencia es la crisis política
catalana, con el País Vasco, además, al acecho”.
Luis
María ANSON.
No hay comentarios:
Publicar un comentario