domingo, 2 de noviembre de 2008

Reinventar el pasado y no enfrentarse con la debida aplicación a fundamentar un futuro nacional más sólido y menos cainita.


ESTAMOS en el pórtico de la recesión.
El Banco de España, la institución que estudia con ahínco y vigila con orejeras, nos anuncia que el crecimiento de la economía española ha sido negativo en el tercer trimestre del año y todo parece indicar que lo será también en el cuarto.
Tras la recesión, si se actúa con solvencia y energía, con talento y oportunidad, puede llegar una recuperación económica; pero, en caso contrario, está garantizada la depresión, algo más grave, profundo y duradero.

Las circunstancias internacionales complican el problema aunque una buena parte de él es de raíz y desarrollo meramente nacional. El despilfarro público, con cerca de tres millones de funcionarios y gastos no sociales insostenibles cuando cursan con cargo al Presupuesto, es la aportación de la Administración -de las Administraciones- a la crisis.
La más baja productividad de toda la UE es la de la sociedad y cuenta con el apoyo y respaldo de los sindicatos y otras instituciones parasitarias.

En ese marco, un Gobierno de buenos nietos y malos gestores celebró su último Consejo con una dedicación especial al desarrollo de la Ley de Memoria Histórica, la gran trampa de José Luis Rodríguez Zapatero para reinventar el pasado y no enfrentarse con la debida aplicación a fundamentar un futuro nacional que resulte más sólido y menos cainita.
No parece importar mucho que ya, en los albores de la recesión, seamos el país europeo con una mayor tasa de paro (11,9), muy por encima de la media de los 27 miembros de la UE (7,5).
La erradicación de los símbolos del franquismo y otras obsesiones espiritistas parecen interesar más a un Gobierno que se dice socialista -¡pobre PSOE!- y que, en desprecio del drama humano de quienes no tienen trabajo, se comporta como un grupito de frustrados doctorandos emperrados en la elaboración de una tesis novelesca y oportunista.

Honoré de Balzac, curiosamente excluido del consumo habitual de lecturas entre los españoles, nos dice en Eugenia Grandet, su narración más apasionante, que «la miseria engendra la igualdad». Ahí, quizás, esté el secreto.
Zapatero y los suyos, tan igualitarios como hostiles a la excelencia, se afanan en que la miseria fortalezca con su presencia una igualdad tan deseable en los derechos y oportunidades como ridícula e inconveniente cuando se pretende como resultado y balance al margen del mérito y el esfuerzo.
Desenterrar los cadáveres de una cuneta y clasificar sus restos podría ser, si la demanda social no fuera otra, un ejercicio de justicia y reparación.
Todos los muertos y todas las cunetas merecen respeto; pero, ¿puede admitirse como prioritario atender los «derechos» de los exiliados de hace cinco o seis docenas de años con perjuicio notorio para la mitad de los españoles que tienen hoy menos de 35 y que, en su mayoría, no habían nacido cuando murió Franco? Martín Ferrand. Abc, 2-11-2008,

Recital regio de sentido común


Escribe Antonio Burgos en Abc:
ESTO pasa por no tener educación y por importar costumbres anglosajonas. En España nunca se celebraban los cumpleaños de la Familia Real, sino los días de santos. Nadie sabía cuándo era el cumpleaños de Don Alfonso XIII, ni falta que hacía. Pero todo el mundo sabía que el 23 de enero era San Ildefonso, día de santos del Rey, y hasta ponían su retrato en los balcones de los ayuntamientos de los pueblos para celebrarlo. Pero, hija, nos hemos puesto a importar de los países protestantes la costumbre del «happy birthday to you» y ahora ocurre justamente al revés que en los alfonsinos tiempos: que nadie sabe cuándo celebra la Iglesia la fiesta de Santa Sofía, pero en cambio todo el mundo ha sabido cuándo cumple años Su Majestad la Reina.
Lo cual me parece una falta de educación, Señora. No felicito, pues, a Vuestra Majestad en la fecha de hoy, sino que la acompaño en el sentimiento. Total, entre unas cosas y otras, casi nadie se ha enterado de que Vuestra Majasted ha cumplido una edad que ni mentar quiero. Eso, que de suyo es una ordinariez con cualquier señora, decir en público los años que cumple, con Vuestra Majestad es además una falta de respeto. Una trastada. Una jangá, que decimos en Sevilla.
Pero es que, además, por si no se había enterado nadie de la septuagenez, llega el librito dichoso, y Doña Sofía da un recital de sentido común, de ética, de principios, de valores y de vergüenza, todo un Tratado de lo Políticamente Incorrecto, y acaba con el cuadro. ¿Que tiene valor José Tomás, dice usted? Al lado de la Reina, Tomás tiene más jindama que Cagancho. Para lo que se necesita valor es para desafiar a la Inquisición de lo Políticamente Correcto como ha hecho la Reina. Que no ha dicho ninguna tontería, sino lo que pensamos muchísimos españoles... que no nos atrevemos a afirmarlo por temor a las dictatoriales minorías envalentonadas desde el poder, que han convertido los delitos en derechos. La Reina tiene 0,0 por ciento de Ojana. Le hubiera sido mucho más rentable la falsía de repetir el Catecismo de lo Políticamente Correcto, con los nuevos dogmas de cumplimiento obligatorio. Nadie habría protestado, y la Casa de Su Majestad no habría tenido que dar comunicado alguno, si la Reina hubiera dicho lo que sigue, apunta, Pilar Urbano:
«Me parece muy bien que los homosexuales se unan en matrimonio y que adopten todos los niños que tengan por conveniente».
«La eutanasia es tan estupenda que en cada ciudad de España debería haber un hospital como el de Leganés».
«El aborto es un derecho de la mujer, que puede hacer con su cuerpo lo que quiera; hay que dar más facilidades, y barra libre de aborto en la Seguridad Social».
«Hace falta más Ley de Igualdad, porque no hay derecho a que en el Ejército haya tan pocas generalas y tantas sargentas».
«En los colegios no hay por qué enseñar religión, eso es lavar el coco a los niños».
«Marruecos hace muy bien con reclamar Ceuta y Melilla, estamos en el siglo XXI y se acabó ya el colonialismo».
Y así sucesivamente.
Si la Reina hubiera dicho esto, los que estamos en contra de todas estas barbaridades políticamente correctísímas nos hubiéramos callado la boca, como solemos hacer cada día, porque somos tolerantes con las ideas ajenas y no como los dictatoriales progres que no admiten disensiones. No se habría formado polémica alguna... y así de paso nadie se habría enterado de que la Reina tiene ya una edad. Ni la coordinadora homosexual hubiera puesto el grito el cielo, ni las abortistas hubiesen protestado. Pero como la Reina ha dicho nada más que el Evangelio de la Sensatez, de la Cordura y de la Vergüenza, pues ya ven la que le han liado a la pobrecita mía, encima de que toda España se ha enterado de que tiene 70 tacos en todo lo alto. ¿Un error? Evidentemente. Ese libro no tenía que haberlo escrito Pilar Urbano. Tenía que haberlo escrito María Antonia Iglesias, que es de los nuestros. Entonces sí que hubiéramos estado todos contentísimos con esta Reina tan progre, a la que la ética, la moral, la vergüenza y la ley natural le importan un pimiento. Del piquillo, naturalmente.

sábado, 1 de noviembre de 2008

La periodista "estrella" que biografió a Garzón.


Pilar Urbano: "Hizo declaraciones, no eran secretitos"
Periodista y escritora. Defiende el derecho de la reina a opinar "lo que quiera" y el suyo propio a contarlo

Público, 1-11-2008.
Pilar Urbano responde al teléfono con una mezcla de suficiencia y desgana. "Me quedo sin garganta de decir siempre lo mismo", replica cuando se menciona el comunicado de Zarzuela sobre su libro La reina muy de cerca (Planeta).
Los matices de la Casa Real poniendo en duda su versión no han mellado su autoestima: "Soy veraz, porque la verdad es mi dueña", solemniza.

¿Cómo vive esta polémica?
Sé distanciarme. A mí me interesa, únicamente, defender la libertad de opinión y la verdad, porque la reina tiene derecho a opinar lo que quiera, punto. Lo que he escrito es lo que me ha dicho la reina.

¿Sabe cuál ha sido la reacción de la reina?
Lo que me importa es mi reacción y la de mis lectores. La reina tiene su conciencia, que actúe. Que vea el comunicado y que reaccione, porque no hay por dónde cogerlo. Es una contradicción unida a otra.Zarzuela habla en él de "supuestas afirmaciones"...Yo de ese comunicado, perdona, pero no vuelvo a hablar. Ya, pero...Es que me aburro.Usted envió el texto a La Zarzuela para su revisión...
El libro no está hecho en un ámbito privado, sino en La Zarzuela, la primera casa pública española. Con varias citas, cuestionarios, preguntas y repreguntas. Hay una relación para algo más que para tener unas charlitas la reina y yo. Es para hacer un libro del que la reina y la Casa Real tienen varias copias durante 60 horas. Desde la Zarzuela me comunican: "La Casa Real se da por enterada de la existencia y del contenido total de tu libro". Sólo me sugieren cambiar el título, que en principio era La Reina confidencial. Me invitan a poner otra cosa, porque la reina, me dicen, no te ha hecho confidencias, sino declaraciones. Esto quiere decir que la reina tiene el ánimo en todo el libro de hacer declaraciones. No unos secretitos.

¿Entiende que se haya molestado el colectivo gay?.
Claro. Ha molestado, ha encanallado y ha jorobado mucho a un colectivo muy potente y muy fuerte y muy poderoso: el colectivo gay y de lesbianas.

¿Debe disculparse?
No. Dios salve a la reina. Que durante mucho tiempo celebre muy bien cada cumpleaños. La reina no está detrás del comunicado, no es su estilo. Es veraz, leal, noble. La reina es valiente, no se arruga, no se contradice y, desde luego, no deja mal a una persona a quien estima y respeta.
¿La reina es una persona conservadora?
Sí, sí. Evidentemente, sí. Es muy moderna en muchas cosas, en admitir, por ejemplo, una nuera periodista, plebeya, divorciada, hija de divorciados. Muy moderna en todo lo social, siempre está en el último rincón del mundo donde haya un drama humano. Eso no es que modernice, es que le hace a uno abandonar la chapa antigua.

¿Una reina de todos, creyentes y ateos, debe apostar, como hace, por la enseñanza religiosa?.
Ella no habla de una religión concreta. Habla del hecho religioso. Dice que se debe enseñar religión, porque los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida. Necesitan también saber que no están solos, que hay alguien, que hay un bien y un mal, unas nociones morales; que no se formen, que no se eduquen como cebollas o como tortugas.¿Por qué se ha atrevido ahora a salirse del guión? Porque le ha dado la gana. Porque ha tenido la ocasión. Porque yo he llamado. Quizá con otro no lo habría hecho. Yo, en un principio, llamaba para una entrevista, una. Si han salido más es porque la reina ha querido dármelas.

¿Estas declaraciones pueden dañar a la monarquía?
No. ¿Cómo se va a perjudicar la monarquía porque la reina tenga unas opiniones muy sensatas sobre qué es la familia? Ella me dice: una mujer y un perro no es familia, y un hombre y un pájaro no es familia, y dos hombres no es familia. Pueden vivir juntos, pero no es un matrimonio, porque el matrimonio es, como siempre, macho y hembra. ¿No?

Comentarios curiosos de los lectore:
Mas allá del libro, de lo que dice la reina y de las reacciones, sorprende el ego de esta Pilar Urbano. ¿Se creerá tan importante la señora como para que su opinión sea más importante que la convivencia de los españoles? A mi me parece más bien una mujer mediocre que confunde libertad de expresión con conducir a la mujer de un jefe de estado- de la naturaleza de una monarquía no elegida- a un terreno pantanoso si que quede claro cual es el objetivo. Esta señora no sabe lo que significa ser un jefe de estado, ni el papel de una monarquía parlamentaria, ni tiene jerarquía de valores. Bueno, pues me parece muy bien. La reina y ella se han expresado libremente. Ahora nos toca a los demás hacer lo mismo respecto a las opiniones de su majestad y respecto a las propias de la Urbano. Mire señora Urbano, no nos importanta lo más mínimo lo que piense usted, porque a fin de cuentas y aunque usted se piense lo contrario, no deja de ser una ciudadana más, cuyas opiniones, por otra parte, resultan muy poco interesantes. Menos mal que ya está usted entrada en años y pronto vendrán a sucederle en el mundo periodístico personas más jóvenes y más conscientes de su verdadero valor en relación con el valor de los demás. Su opinión es una opinión muy poco interesante que correspondería más al ámbito privado, es decir, a la conversación entre dos personas ya mayores que no entienden los cambios del mundo actual. Yo le recomiendo que no las saque de esa esfera. Sobre todo si hacen daño a la convivencia democrática de los españoles. Bonito favor le ha hecho a la reina, de la que dice usted ser amiga. Seguro que se lo agradecerá eternamente.

La señora Urbano, que parece apreciar a la Reina, le ha clavado un puñal por la espalda. La señora Urbano sabía de sobra las ampollas que se iban a levantar a raíz de su publicación, pero seguramente no habló de ellas con la Reina. Como profesional de la comunicación, podía ir vislumbrando los términos de su redacción y el efecto que causaría. La señora Urbano sacará una importante tajada a costa del asunto. Ella sabe perfectamente que tipo de afirmaciones pueden provocar cierta alarma social en algún colectivo. Eso es lealtad, señora Urbano.

¿ Pilar Urbano....como tiene la osadia, de seguir emitiendo sus opiniones, sin respetar las de los demas...??? Esta clarisimo, las respuestas de la polemica, no salen de la boca de la Reina, son sus convicciones las que Vd expresa en su libro, no las de la Reina, a la cual ha traicionado, pues esas son la opinion de Pilar Urbano, que estaba deseando tener la justificacion, "me han dado el visto bueno en Zarzuela", para acto seguido, sacarlo a la luz, el poco credito que tenia....lo ha perdido Pilar Urbano.
Pilar Urbano se justifica
«Yo defiendo la libertad de opinión de la Reina y, en segundo lugar, mi derecho a decir la verdad y a mantener que lo que la Reina ha dicho es lo que aquí se dice», afirmó ayer Pilar Urbano, autora de «La Reina muy de cerca».
Atribuyó la puntualización de la Casa del Rey a un «exceso de celo» de los «edecanes de la Casa Real». «Lógicamente, en la Casa Real han dicho: antes de perjudicar a la institución -por cierto, la Reina no es más que consorte, no es soberana, no es jefe de Estado, no gobierna-, se hacen algunas puntualizaciones». Para Urbano, el contenido de la respuesta a su libro es obra de «edecanes, de subalternos» y «no tiene fundamento», además de considerar que «es torpe» y tiene «mala traza». «La Reina no tiene nada que ver con la reacción de la Casa Real, ni puede alentarla, ni está en su espíritu, estoy segura», asegura.

La Bolsa cierra octubre con una caída del 17% y del 40% en 2008.


Las tres últimas sesiones han evitado que octubre se convirtiera en el peor mes de la historia de la Bolsa.

El pasado martes, el Ibex-35, en su sexta sesión consecutiva de caídas,marcó su mínimo anual en 7.905 puntos; desde entonces empezó una gran escalada en un ambiente de desconfianza y fuerte volatilidad.
En la sesión de ayer, el selectivo español consiguió una subida del 3,32%, que le permitió cerrar octubre en los 9.116 puntos, lo que supone un descenso en el mes del 17%, la mayor caída mensual en los últimos diez años y tan sólo 3 puntos menos que en todo el primer semestre en el que se dejó un 20%. En lo que va de año, el descenso, un 40%, también alcanza cotas que no se habían visto anteriormente.
Con ser malos estos resultados, las cosas podían haber sido mucho peores, ya que al cierre de la sesión del martes las cifras eran desastrosas, con una pérdida en el mes del 28% y del 48% desde enero, con lo que los tres últimos días se presentaban como claves.
Y no defraudaron, ya que en esas tres sesiones el Ibex-35 encadenó una racha positiva en la que ha recuperado más de un 15%, con lo que la semana se salda con un repunte del 9%. Pero octubre ha sido mucho más que estas cifras. En ese mes, que ha sido también el más volátil de la historia de la Bolsa, el Ibex ha dado grandes alegrías y mayores decepciones, consiguiendo la mayor caída de toda su historia, un 9,14% el pasado día 10, abrumado por el temor a una recesión mundial.
Tres días más tarde, este mismo índice registró la mayor subida de su existencia, un 10,65%, aupado por el paquete de medidas aprobado por los gobiernos de la zona euro y por el plan de rescate financiero de Estados Unidos.

Frenazo hasta agotar la pista


La palabra susto es la que suele rodear estos casos, pero parece poco al lado de lo que podría haber sucedido.
Basta con ver la foto que acompaña esta crónica para darse cuenta de lo cerca que estuvieron de vivir una nueva tragedia aérea los 74 pasajeros y seis tripulantes de un vuelo de Air Europa procedente de Glasgow (Escocia) que aterrizó ayer en los últimos centímetros de asfalto de una de las pistas del aeropuerto de Lanzarote, al lado de la playa, sin que se registrasen heridos.
«Lo que más nos asustó fue ver cómo en las alas y en el avión en general se notaba el esfuerzo por frenar la marcha», dijo uno de los pasajeros, de origen británico, al llegar por fin a Guacimeta, tras bajar del avión, un Boeing B-737, por las escalerillas y sin ningún otro contratiempo añadido, según informó la compañía aérea, que destacó que no se utilizaron las rampas de seguridad.
El avión procedente de Glasgow -una nave con matrícula EC-HJQ, que cubría el vuelo AEA 196 hacia esta isla canaria prestando servicio de chárter a Thomas Cook- tocó tierra a las 7.23 de la mañana, en una pista «mojada por la lluvia», según insistió la compañía aérea, que calificó de «aterrizaje largo» a la maniobra.
El sindicato de pilotos Sepla advirtió horas después que la tripulación del vuelo había empezado su actividad a las 20.40 del jueves, es decir, más de diez horas y media antes del hecho. En un comunicado, lamentó la situación de «indefensión» ante la que se encuentran los pilotos de Air Europa, ya que «a pesar de ser los últimos responsables legales del vuelo, ni las compañías ni la Dirección General de Aviación Civil definen con la suficiente claridad cuál es la interpretación de la normativa de trabajo y descanso».
Comentarios y especulaciones
En el aeropuerto lanzaroteño todo eran comentarios y especulaciones. Jonathan Barkley, un ciudadano neozelandés que había ido a buscar a su socio a Guacimeta, dijo que este «llegó con el corazón en la mano» y sin ganas de volver a subir a otro avión por mucho tiempo: «Por más que digan que es un medio más seguro que los coches, todos recordamos lo sucedido en Barajas». El testimonio cobra sentido especial en un día como el de ayer, en que en Las Palmas de Gran Canaria se presentó en público la Asociación de afectados del vuelo JK5022 de Spanair, que causó 154 víctimas mortales el 20 de agosto pasado en Madrid, al intentar despegar hacia Gran Canaria.
Nora McNair, una pasajera de 80 años de las islas Órcadas, relató a la filial escocesa de la BBC que «el aterrizaje había comenzado bien», pero que después llegaron las complicaciones: «Comenzó a mecerse hacia uno y otro lado, hasta que de golpe se frenó, a sólo unas pulgadas de la valla y el mar». Las ruedas, según dijo, «echaban mucho humo» tras el aterrizaje.
En Guacimeta, varias voces coincidieron en decir que el Boeing se había «comido la pista», algo que podría haber ocurrido por tocar tierra en la mitad de la pista y no en la cabecera o por no haber puesto el aerofreno. Según testigos, en el momento del aterrizaje no parecía haber tanta agua como para que sufriese un «aquaplanning». Un piloto experimentado recurrió a una frase del argot aéreo para dar por finalizada la conversación: «Un buen aterrizaje es cuando el avión queda en tierra; uno excelente es cuando el avión se puede volver a utilizar». Ricardo Padrón, Abc, 1-XI-2008.

Paz, piedad y perdón.


Azaña: "Paz, piedad y perdón"
"Y entonces, cuando los españoles puedan emplear en cosa mejor este extraordinario caudal de energía que estaba como amortiguado y que se ha desparramado con motivo de la guerra; cuando puedan emplear en esa obra sus energías juveniles que, por lo visto, son inextinguibles, con la gloria duradera de la paz, sustituirán la gloria siniestra y dolorosa de la guerra. Y entonces se comprobará una vez más lo que nunca debió ser desconocido por los que lo desconocieron: que todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo. Ahí está la base de la nacionalidad y la raíz del sentimiento patriótico, no es un dogma que excluya de la nacionalidad a todos los que no lo profesan, sea un dogma religioso, político o económico.¡Eso es un concepto islámico de la nación y del Estado! Nosotros vemos en la patria una libertad, fundiendo en ella, no sólo los elementos materiales del territorio, de energía física o de riqueza, sino todo el patrimonio moral acumulado por los españoles en veinte siglos y que constituye el título grandioso de nuestra civilización en el mundo.
(...) Nunca ha sabido nadie ni ha podido predecir nadie lo que se funda con una guerra ¡nunca! (...) jamás en ninguna guerra se ha podido predecir desde el primer día cuales van a ser sus profundas repercusiones en el orden social y en el orden político y en la vida moral de los interesados en la guerra.(...) Guerras emprendidas para imponer sobre todo la unidad dogmática, han producido la proclamación de la libertad de conciencia en Europa y el estatuto político de los países disidentes de la unidad católica; guerras emprendidas para imponer la monarquía universal, han producido el levantamiento liberal, entre otros del pueblo español (...) Nuestras propias guerras son ejemplo de lo que digo. (...) Es la conmoción profunda en la moral de un país, que nadie puede constreñir y que nadie puede encauzar. (...) Este fenómeno profundo, que se da en todas las guerras, me impide a mí hablar del porvenir de España en el orden político y en el orden moral, porque es un profundo misterio, en este país de las sorpresas y de las reacciones inesperadas, lo que podrá resultar el día en que los españoles, en paz, se pongan a considerar lo que han hecho durante la guerra. Yo creo que si de esta acumulación de males ha de salir el mayor bien posible, será con este espíritu, y desventurado el que no lo entienda así. No tengo el optimismo de un Pangloss ni voy a aplicar a este drama la simplísima doctrina del adagio, de que “no hay mal que por bien no venga”. No es verdad, no es verdad. Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón.
(Extracto del discurso pronunciado por Azaña el 18 de julio de 1938 en el Ayuntamiento de Barcelona).

Jorge Trias Sagnier. Abc, sábado, 01-11-08, escribe:
Mañana, Día de Difuntos, miles y miles de personas se acercarán a los cementerios y colocarán flores, rezarán o recordarán a sus muertos. Entre ellos, habrá muchos que murieron en la Guerra Civil, en uno y otro bando. Alguno de esos cuerpos que mañana se honrará, antes de ser enterrado dignamente, reposó amontonado junto a otros en fosas comunes, como ocurrió con decenas de miles de españoles que fueron asesinados en tiempos de la República y del Frente Popular. Después de la guerra se abrieron muchas de esas fosas, se identificaron los restos y se les dio cristiana sepultura, perpetuando su memoria.
Lo que resulta escandaloso es que después de treinta años de democracia, ningún gobierno levantase las otras fosas comunes y enterrase dignamente a los muertos por la represión franquista. Si se hubiese hecho, ahora no tendríamos a Garzón meneando el rabo y calificando, artera e injustamente, de crímenes contra la humanidad esa represión.
Creíamos que la Transición había sido un abrazo fraternal, pero por lo que se ve parece que fue el abrazo del oso. Tampoco creo que la Transición deba sacralizarse pues nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ahora está de moda la ignorancia y, especialmente, ignorar todo lo que pasó entonces, ese entonces de la Guerra Civil, el entonces de nuestros padres y abuelos, el del franquismo y del exilio, el de la Transición y el de la Constitución. El entonces de una España sin rencor que ahora se deshace como un azucarillo.
Paz, piedad y perdón, clamaba Azaña el 18 de julio de 1938 desde el balcón del Ayuntamiento de Barcelona. Que cada uno recuerde u olvide como quiera esa guerra atroz que destrozó familias, pueblos, ciudades y a España entera.
Mañana, Día de Difuntos, es un buen momento para que examinemos por qué nos habíamos olvidado de una buena parte de los muertos de la guerra hasta que un juez, por caminos retorcidos e impracticables, nos ha recordado, en todo caso, que existían y que estaban ahí, mal enterrados.
Descansen en paz, con nombres y apellidos, y que su memoria, para bien o para mal, perdure. Pero que no se monte un esperpéntico procedimiento judicial sobre hechos que ya han atravesado el umbral de la historia.
http://www.jorgetriassagnier.com/.


Encuentro otra versión de Paz, piedad y perdón.
Paz, Piedad y Perdón
La Guerra Civil parecia muerta después de la transición . Pero cual fue mí sorpresa al ver que después de tantos años de democracia y reconciliación gente joven levantaba el brazo, izaba banderas de simbología fascista y gritaba “asesino” a Santiago Carrillo. Se que es un tema delicado de tratar pero quiero dar mi punto de vista.

Que decir de Carrillo… Sí, es verdad que fue un verdugo en aquella guerra, pero la pregunta es: ¿Quién no lo fue? En esa guerra se cometieron tantas y tantas barbaridades de uno y otro bando. Pero Carrillo fue además uno de los hombres que hizo posible la transición. Renunció a tantas aspiraciones, tantas ilusiones de los republicanos, puede ser difícil de entender, pero para mí Carrillo es un hombre al que hay que agradecer el sacrificio que hizo en pos de la democracia. Ahora bien es muy comprensible que gente en aquel acto de homenaje hacia Santiago Carrillo, me refiero a los familiares de las victimas, no aguantarán ese silencio y explotarán, ¿No haríamos hoy (ya que durante el régimen si es verdad que tuvieron que callar y guardar silencio) lo mismo los republicanos en un acto que homenajeará a uno de tantos verdugos franquistas?

Personalmente lo que a mi me sorprende es que muchos de esos jóvenes no habían perdido familiares y admitámoslo, no iban a dar su apoyo a las familias. Fueron simple y llanamente a sabotear el acto y a increpar a carrillo. Lo que me sorprende más aun es que esos jóvenes han nacido en democracia y lo que más me sorprende es que se han sentido identificados con una ideología claramente antidemocrática. ¿Cómo puede ser que en el siglo XXI existan todavía partidarios de un régimen caduco y de una ideología tan irracional?

Mi teoría es simple el “borrón y cuenta nueva” propio de la transición a creado esta situación. Los jóvenes no conocen la verdad, el sistema educativo explica poco y mal lo que fue nuestra historia más reciente. El olvido a despertado la irracionalidad, la historia no hay que olvidarla hay que recordar lo que paso y por que paso, en definitiva hay que sustituir "el olvido" por el lema de Azaña: "Paz, Piedad y perdón".


Y otra más:24 de diciembre de 2004
Paz, piedad, perdón...y olvido (Lorenzo Bernaldo de Quirós)
La transición española se basó en un principio clave observado por todos los gobiernos desde 1977: el cierre de la Guerra Civil. Los herederos de vencedores y vencidos hicieron suya la proclama azañista de 'paz, piedad y perdón' y le introdujeron un elemento adicional: el olvido.
Por supuesto, una sociedad libre tiene derecho a revisar el pasado, a no ser hipotecaria de los pactos de los difuntos, pero la apertura del debate sobre la contienda que enfrentó a una mitad de España contra la otra que ha comenzado a proliferar en los últimos meses es una pésima noticia para la salud moral del país. Es una pócima que lo envenena todo. Ni el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) anterior al señor Zapatero, ni la intelligentsia progre española, ni el centro-derecha, habían sucumbido a la tentación de revisar y/o a interpretar a su favor la historia de un período sangriento, de una etapa de quiebra de la convivencia ciudadana.
Hace unas semanas, el profesor Santos Juliá señalaba en su columna de El País la prerrogativa de los hijos a romper ese acuerdo tácito de silencio de sus padres sobre la Guerra Civil. Desde un punto de vista académico, esta posición quizá resulte impecable pero desde una óptica política no lo es tanto. Las nuevas generaciones de españoles tienen un conocimiento limitado, por no decir inexistente, de las causas de la guerra. En consecuencia, la tentación de forjar una imagen parcial de los hechos al servicio de intereses partidistas concretos es muy alta. Esta opción es simplista y peligrosa. La hipótesis de una idílica España progresista y moderna asesinada en los años treinta por las fuerzas de la reacción, hipótesis cara a amplios sectores de la progresía celtibérica, amenaza desencadenar una respuesta contundente de quienes no comparten esa visión de los acontecimientos que, por otra parte, es errónea o, al menos, sectaria, como avala una abrumadora evidencia fáctica e historiográfica.
Cuando un país se mata durante tres años de contienda, los muertos merecen descansar en paz. Con razón o sin ella, los dos bandos lucharon por sus ideas en las trincheras porque fueron incapaces de entenderse en democracia. Todos merecen respeto y el drama de su fracaso produjo sangre y una larga etapa dictatorial en España. ¿Quién tuvo la culpa? ¿Tiene sentido responder 70 años después a esa pregunta? ¿Sirve para algo? Alguien dirá que la verdad debe resplandecer ante todo, pero esa dama es esquiva y la respuesta quizá no sea agradable para quienes reformulan la cuestión. Desde luego, la izquierda española tiene una amplia responsabilidad en la tragedia como atestigua la más solvente bibliografía hispana e internacional. Cuando no se respetan las reglas del juego democrático y la alternancia no es aceptable, cuando la oposición se levanta en armas contra un gobierno elegido por la mayoría de los ciudadanos, la democracia quiebra. Eso sucedió cuando PSOE, Esquerra Republicana de Cataluña, PCE y otros grupos intentaron derrocar en 1934 al gabinete salido de las urnas, la coalición de la CEDA y el Partido Radical.
En la España del siglo XXI, la resurrección intelectual y política de un revisionismo de parte sobre la Guerra Civil es un expediente a corto plazo que sólo contribuye a la crispación, a resucitar recuerdos olvidados y a emponzoñar la realidad. ¿A quién beneficia esto? A nadie. Quienes creen en Dios han de rezar por sus muertos para que gocen del descanso eterno y quienes no tienen esa fe deben honrar su memoria en el corazón. La inmensa mayoría de las familias españolas tienen cadáveres de la Guerra Civil en sus armarios y a muchas de ellas se les está haciendo revivir viejas fantasmagorías. Ese es un mal camino porque no conduce a ningún lugar, salvo al resentimiento y la amargura. La España de nuestros días es esa Tercera España que fue masacrada por las otras dos entre 1931 y 1939, es la España posible, la que creó los puentes para la reconciliación.
Quien escribe estas líneas pertenece intelectualmente a esa Tercera España, la de Ortega, Madariaga, Sánchez Albornoz, Menéndez Pidal y tantos otros que soñaron para este país una democracia liberal en la cual fuese posible vivir en paz, en libertad y en progreso. Es ese espíritu y no el de la resurrección de los zombies ideológicos de una de las dos Españas, el camino que hace posible avanzar hacia el futuro. Los fantasmas personales, los recuerdos infantiles de un dirigente político no pueden convertirse en banderas políticas a estas alturas del siglo. Es ridículo, irresponsable y, sin duda, estéril. El PSOE y sus aliados de la intelligentsia progre cometen un grave error si pretenden o estimulan la emergencia de un debate interminable y sin solución. Cuando se abre la Caja de Pandora de una Guerra Civil, cualquier derivada es viable.
Pertenezco a una generación que se sumó con entusiasmo al olvido, no como renuncia a conocer la verdad, sino como una opción razonable para la construcción de una España abierta y democrática. No me gustaría que mis hijos asistiesen a un revivir ni siquiera académico y mucho menos propagandístico de quién tuvo razón. Eso no sirve para nada, salvo para abrir heridas y conflictos que no benefician a nadie.

El cambio ¿programa o eslogan?


HACE años yo escribía del cambio como programa o, al menos, eslogan político. Ya sabemos que los políticos, para lograr apoyos populares, no pueden detenerse apenas en complejos problemas que exigen conocimiento y estudio, se refugian en su propia imagen personal, en antagonismos y en esperanzas.

La esperanza se sintetiza en el cambio -y en el progreso-, un cambio a mejor que los que buscan los votos propiciarán mejor que nadie, dicen, y funciona sólo si no es obstaculizado.
En realidad, la idea del cambio está en la de la naturaleza humana, que se cansa de posiciones fijas, busca algo nuevo, algo que nos aproxime a la felicidad. Cuando fatiga una posición en la cama, decía yo, uno se vuelve al otro lado (pero a veces retorna al primero). Sin esperanza no hay vida y el cambio abre la esperanza. Aunque sea confuso, una vaga idea. Nadie se atreve a enfrentársele.

Los conservadores apenas hablan de conservar, lo disimulan lo que pueden. Y cuando los hechos, la realidad, se oponen a ciertos cambios y los progresistas tienen que seguir, de hecho, políticas conservadoras (como ahora los socialistas en ciertos puntos), los oficialmente progresistas lo disimulan como pueden.
La naturaleza humana oscila entre el cambio (Heráclito) y el Ser Inmóvil, perfecto si pudiera (Parménides). Cuando yo escribía, había correteado por Grecia, donde Papandreu propugnaba la allagí, el cambio. Ganó. Igual aquí Felipe González. Luego Aznar contra González. Y yo recordaba que ya Ciro y Asoka y Augusto y tantos otros decían que ellos habían traído el cambio. Igual mil políticos modernos. Excuso el detalle.
Si ahora traigo esto a colación es porque Obama, que aspira a la Presidencia de los EEUU, ha elegido el cambio como lema. No es muy claro en qué consistirá, no fue muy bueno el que traía Carter. Sus competidores también propugnan reformas, claro, pero quizá escamados por lo que de vago y peligroso tiene el cambio, lo mencionan menos.
El cambio tiene un límite, no es posible cambiarlo todo, la naturaleza humana aspira también a una estabilidad, una paz, unos valores fijos. Claro que hoy nadie se atreve a aspirar a que no se cambien las leyes, como proponía Esquilo en Euménides. Y ningún político propone, como hacía el viejo Adenauer cuando yo correteaba, también, por Alemania, aquello de «keine Experimente», «nada de experimentos». Aunque, la verdad, algunos experimentos hizo, impulsó el «milagro» alemán.
Pero no vengo aquí a dar programas, sólo a presentar unas reflexiones más bien escépticas, sobre los distintos aspectos de la naturaleza humana, que aspira a mejorar su situación siempre precaria, cuando no angustiada, y al tiempo a la estabilidad, la seguridad. El programa del puro cambio radical, como propugnan grupos que van a por todas y a los que a veces tienen que unirse, por falta de votos, los socialistas, es al final un fracaso. Ellos tienen luego que dar marcha atrás, a veces demasiado tarde. Y es que la idea socialista, en gran parte, se ha socializado, es ya de todos, y no basta para conseguir mayorías. Por supuesto, los políticos, los candidatos, no van a explicar los límites de la realidad ni los de la esperanza. Pero los que no somos ni lo uno ni lo otro no podemos dejar de hacer, como decía, algunas reflexiones.
Por ejemplo: que la idea del progreso indefinido, automático o impulsado por un grupo, o incluso por todos, tiene sus límites. Siempre han chocado con ellos los buscadores de paraísos en la tierra: así los cristianos desde San Agustín, los marxistas, tantos otros más. Esto no quiere decir que no haya habido progreso. Por supuesto que sí: en nivel de vida, en economía, en educación elemental y en la especializada, en tolerancia pese a todo, en el fin de las guerras entre las grandes potencias, en mil cosas más. Es obvio.
Pero, ¿por qué no se digiere que existen esos límites puestos al individuo y a los grupos humanos por su propio ser y el propio progreso? ¿Por qué se empeñan en atribuirlo todo a tal grupo o partido, a tal individuo? Por ejemplo la crisis económica, que demuestra que se trata de hechos globales, consecuencia de nuestro sistema difícilmente sanables. En suma: gastamos más de lo que tenemos, nosotros (o los que nos suministran) vivimos de préstamos e hipotecas, al final los que nos prestan a todos no pueden sostener tantas deudas, los deudores no pueden pagarlas. Y si el erario público, o sea, nosotros, les aliviamos un momento inyectándoles dinero, al final vuelve lo mismo. Mientras no se modifiquen los hábitos, el sistema, y esto es bien difícil, iremos de crisis en crisis, es algo cíclico. Es el mecanismo del autocontrol, el sistema pone límites a su desarrollo supuestamente ilimitado.
¿Cómo arreglar esto? Unas palabritas como la del cambio al final no arreglan nada.
Tampoco arreglan tantísimos problemas de la sociedad de masas: la sociedad del dinero, de la supuesta libertad, del supuesto lograrlo todo.
Los niveles educativos, salvo los elementales y los del especialismo, están bajando dramáticamente en todo el mundo: es un secreto a voces. Tanta libertad personal (a veces no tanta), tanta diversión, tantos modelos deleznables, tanto todo vale, casan mal con el estudio y el simple pensamiento libre.
Y luego, los centros de enseñanza, las carreteras, las playas, todo está sometido a mil presiones, todo tiende hacia abajo. Unas pocas reformas, un poco de dinero, algo hacen, pero al final son insuficientes. Son parches. ¿Quién ha logrado aunar el crecimiento de los niveles sociales y económicos con el remedio de esos problemas y mil más? Nadie hasta ahora, sería un buen programa. Decir «cambio» es decir algo obvio, pero indefinido, insuficiente. Cambio, pero ¿cómo?
El vacío dejado por las viejas creencias y normas de conducta, los viejos patrones culturales, no ha sido llenado. Crecen la inseguridad íntima, el miedo al futuro, el agotamiento, el hastío ante tantas «campañas» y presiones, el escepticismo ante todos los que quieren vendernos algo. ¡Y si no venden no viven y, entonces, tampoco vivimos nosotros! Esta es la sociedad en la que estamos, nos defendemos como podemos, a veces olvidamos, a veces recibimos un rayo de esperanza, recobramos fuerzas, seguimos adelante. Otras, simplemente, callamos.
Pensamos que la naturaleza humana buscará curaciones en sí misma, como decía Hipócrates. Y a veces es verdad, en los más complejos entramados de fuerzas diversas a veces hay aberturas hacia la solución o la mejora. Decía un ministro que yo conocí que asuntos problemáticos, si se dejan en el cajón, se arreglan solos. A veces es verdad. Y la Humanidad ha salvado toda clase de crisis terribles. Pero, ¡a qué precio algunas veces!
Uno piensa si no sería un alivio restaurar, en la parte que se pueda, viejos patrones de conducta humana y social, incluso religiosa para algunos. No aspirar a todo, todos, tan rápido. Decían Buda y Sócrates y los estoicos y los cristianos, y otros más, que el deseo trae dolor. Claro que hay que obrar, actuar: en eso los griegos se separaron de Buda. Después de esto, si alguien me tacha de conservador, me da lo mismo. Los amantes del viejo humanismo somos, en la medida que sea, conservadores. Pero aquellos viejos humanistas y los griegos que les precedieron inventaron también la libertad.
Entonces, no se puede prohibir a nadie hablar del cambio, que viene de la vieja esperanza. Aquella que a los hombres quedó cuando los males se escaparon del tonel de Pandora, cuenta Hesíodo. Aquella a la que los cristianos hicieron virtud teologal.
Solo que «cambio» es una palabra tan vaga... No se sabe muy bien qué anuncia ni si llegará ni cómo llegará. En fin, no nos frustremos, sigamos con nuestra esperanza.

Francisco Rodriguez Adrados.